La consagración de la primavera

La consagración de la primavera
La consagración de la primavera

Dirección artística y coreografía ISRAEL GALVÁN Con ISRAEL GALVÁN (danza) y DARIA VAN DEN BERCKEN, GERARD BOUWHUIS (piano) Música Le Sacre du Printemps de ÍGOR STRAVINSKY reducción para piano a cuatro manos, Sonata K87 de DOMENICO SCARLATTI y Winnsboro Cotton Mill Blues de FREDERIC RZEWSKI

CON UNA PERSONAL LECTURA DEL BALLET DE ÍGOR STRAVINSKY, EL PRODIGIO DEL FLAMENCO AMPLÍA SUS HORIZONTES COREOGRÁFICOS.

Desde el comienzo de su carrera Israel Galván nunca ha dejado de buscar algo nuevo y dibujar con su cuerpo yendo mucho más allá del registro habitual del baile flamenco. Ninguna música, ningún estilo le es ajeno. Y en este momento de su carrera, era obvio apoderarse de la brillante partitura de Le Sacre du Printemps, que ya había producido algunas obras maestras de la danza desde la primera versión de Nijinsky en 1913 hasta la de Pina Bausch. Es precisamente la genialidad de esta música la que permite a los coreógrafos trascenderse a sí mismos. Y eso es lo que hace Israel Galván con esta Consagración de la primavera.

Maestro del flamenco, arte que supo reinventar imponiendo su firma particular y poco convencional, sacudiendo códigos y tradiciones, Israel Galván no deja de sorprender y asumir retos. ¿Cómo no íbamos a imaginar que Israel Galván se enfrentaría un día a una de las partituras musicales más innovadoras y escandalosas del siglo XX?

Hecho está. Con su Consagración de la primavera, el bailaor sevillano, siempre esperado en el mundo entero, se lanza al ruedo y aborda sin complejos la obra maestra de Stravinsky.

Nada se le resiste a Israel Galván, escribía la revista Les Inrocks en 2021: La consagración de la primavera es un espectáculo furioso donde Galván, vestido de largo, reactiva la memoria del baile flamenco. En este espectáculo, el bailaor entrega, como es habitual, todo su cuerpo a una interpretación muy física.

Respondiendo y afinando las notas agudas de los pianistas, se convierte literalmente en el “tercer instrumento” de la partitura, en el papel del instrumento de percusión. Crea un gesto flamenco muy actual, encadenando zapateos hasta el trance y sin ocultar los riesgos que corre: un supuesto fleje le protege la rodilla, un latido infernal y un esfuerzo hasta la extenuación. Según afirma Montpellier Danse.

En el escenario se establece la relación entre el bailarín y los músicos, que va de la dulzura a la fuerza y del entendimiento cordial al enfrentamiento. Ese rito es precisamente el de Israel Galván: lo implora, lo encarna, lo abrevia y nos lo entrega en el escenario.

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