Compaña
Un malabarista en el escenario, rodeado de chismes. Podría ser un excéntrico aristócrata, que explora y nos muestra distintos rincones de sus dominios, descubriéndonos todo tipo de artilugios, muñecos y maniquíes. Objetos que tal vez transforman esa soledad en compañía o, quizás, acentúan aún más el estado de aislamiento. Lo que está claro es que toda esa infraestructura redimensiona el trabajo de un artista que fusiona malabares y objetos, construyendo desde la poética un nuevo diálogo entre el circo y el títere, sin dar la espalda a quien verdaderamente le acompaña: un público que disfrutará con el ingenio y con el humor de un personaje único.

