Conciertos / Clásica

XXXIX Festival de Música Antigua de Sevilla 2022. Gli afetti umani e i 4 elementi

Giovanni Antonini

Ficha Artística

Il Giardino Armonico
Giovanni Antonini, piri, chalumeau y flautas dulces
Stefano Barneschi*, Fabrizio Haim Cipriani, Ayako Matsunaga y Liana Mosca, violines I
Marco Bianchi*, Angelo Calvo, Francesco Colletti y Maria Cristina Vasi, violines II
Alice Bisanti* y Jamiang Santi, violas
Paolo Beschi* y Elena Russo, violonchelos
Giancarlo De Frenza, contrabajo
Michele Pasotti, tiorba
Riccardo Doni, clave
Director: Giovanni Antonini
[* Solistas]

El género del concierto se va conformando en la segunda mitad del siglo XVII como la gran forma que los italianos aportan a la música para conjunto instrumental. En la primera mitad del XVIII, los distintos tipos de concierto adquieren sus perfiles definitivos, y en ello tuvo mucho que ver Antonio Vivaldi.

Aunque al compositor veneciano se lo vincula sobre todo con los conciertos para solista, de los que dejó ejemplos por centenares (especialmente los dedicados al violín), también destacó en la forma del concerto grosso, que había sido caballo de batalla de Corelli durante toda su vida. Paradójicamente, el compositor de Fusignano sólo pudo publicar doce, y la muerte lo alcanzó justo cuando trabajaba en aquella edición, que apareció póstumamente en 1714. Para entonces, Vivaldi había editado ya una de las colecciones instrumentales más importantes de su tiempo, L’Estro Armonico, que vio la luz en la prensa de Estienne Roger en Ámsterdam a finales de 1711, e incluía algunos conciertos de ese estilo. Entre ellos, el más famoso y puede que uno de los más extraordinarios de todo el período barroco es el número 10, escrito en la tonalidad de si menor para cuatro violines, violonchelo, cuerdas y continuo, una obra que mezcla dramatismo y contrapunto de forma tan extraordinaria que hasta Bach se sintió atraído por ella y en los años 30 lo convirtió en un concierto para cuatro claves.

El tratamiento de Vivaldi del concerto grosso dista algo del de Corelli, sobre todo en su estructura, ya que Vivaldi usa la idea tripartita que comparte con los conciertos solistas y se haría tan popular en el futuro. Locatelli o Haendel siguen en cambio el modelo estructural corelliano en un número variable de movimientos, que era el mismo de la sonata. Haendel escribió sus doce Concerti Grossi Op.6 entre septiembre y octubre de 1739; Locatelli publicó los seis de su Op.7 en 1741. Para entonces, el italiano había abandonado el estricto seguimiento corelliano de su Op.1 (1721). Ahora apunta una cierta tendencia al concierto con solista y además en el último se abandona a la música programática. Es el más conocido de todos: se titula Il pianto d’Arianna y aunque formalmente ya resulta sorprendente por sus múltiples secciones contrastadas y encadenadas, lo más singular resulta el predominio absoluto del primer violín, que asume la voz de la desconsolada Ariadna en sus raptos de melancolía y de furia hasta un final apoyado en el típico bajo barroco de lamento que nos hace intuir un final trágico: Baco no llegó a tiempo para rescatar a la heroína. El Op.6 nº3 de Haendel se caracteriza también por su sentido dramático, aunque en la forma sí es aún básicamente corelliano e incluso incluye un segundo movimiento fugado (condición indispensable de las sonatas del maestro). La polonesa es en cambio un tiempo de carácter pastoral, mientras que el movimiento final, también danzable, se desarrolla en un ritmo de 6/8 con abundancia de síncopas.

Vivaldi también cultivó en abundancia los conciertos para cuerda, a veces con el nombre de sinfonía, de concerto a 4 o de concerto ripieno. En ocasiones eran piezas sencillas, que solían utilizarse también como oberturas para las óperas, pero en otros casos nos encontramos con obras de muy elaborado contrapunto como es el caso del RV 134 que, de todos modos, incluye un relajado Andante central. RV 169 es en cambio una característica sonata da chiesa destinada posiblemente a la liturgia de la Semana Santa en el veneciano Ospedale della Pietà, con el que tanta relación tuvo el músico. Para acentuar el sentimiento religioso, Il Giardino Armonico ha decidido cerrar la página con una transcripción para chalumeau solista (una especie de híbrido entre la flauta dulce y los clarinetes primitivos) del “Cum dederit”, siciliana escrita en sol menor, uno de los números más expresivos del salmo Nisi Dominus RV 168, en origen compuesto para voz de contralto.

La gran especialidad de Vivaldi fue en cualquier caso el del concierto con solista, cuya forma tripartita y su estilo ritornello acabó fijando y fue empleada por todos los grandes maestros tardobarrocos. El RV 253 es el quinto de la más popular colección jamás publicada por el músico, Il cimento dell’armonia e della inventione, es decir, El combate entre la armonía y la melodía, su Op.8, cuyas primeras cuatro obras son las celebérrimas Cuatro estaciones. Vivaldi continuó la colección con algún otro concierto descriptivo como este nº5, que lleva por título La tempesta di mare, una fórmula recurrente en el músico (uno de sus conciertos de flauta Op.10 y uno de sus conciertos de cámara llevan el mismo título), y auténtico tópico de la cultura barroca. De todos modos resulta significativo el recurso a la música programática que, aunque relativamente frecuente en Francia y Alemania, era poco habitual todavía en la música italiana. Entre dos prestos vibrantes Vivaldi introduce un melancólico Largo que tiene también algo de lamento.

El otro concierto con solista del programa, el RV 443, es uno de los tres que Vivaldi dedicó a la flauta dulce sopranino, y se ha hecho especialmente conocido por su conmovedor Largo central, una siciliana en la tonalidad de mi menor, que conecta así el final de la primera parte del concierto con el principio de la segunda, cuando sonará el “Cum dederit”, también, como se apuntó arriba, una siciliana en modo menor.

Dos piezas para flauta sola de Isang Yun, un maestro coreano que residió y pasó la mayor parte de su carrera en Alemania, y So, una pieza barroquizante escrita por el siciliano Giovanni Sollima para piri (una especie de flauta tradicional coreana), cuerdas y continuo, conectan el mundo barroco con la creación de nuestros días.

© Pablo J. Vayón

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