Conciertos / Clásica

XXXIX Festival de Música Antigua de Sevilla 2022. Del tiempo y del instante

Jordi Savall

Ficha Artística

Jordi Savall
Viola de gamba soprano italiana de principios del siglo XVI
Viola de gamba baja de siete cuerdas de Barak Norman, Londres 1697

Xavier Díaz-Latorre
Tiorba & Guitarra

Un viaje a la raíz del arte musical renacentista y barroco. Eso propone este programa. Raíz como búsqueda del sentido que tenía la codificación de este repertorio en su época, que no era exactamente propiciar que las piezas se repitieran una y otra vez tal cual se publicaban, sino servir como modelos para los músicos. Así, el famoso Trattado de glosas del toledano Diego Ortiz, que propone formas de glosar (esto es, ornamentar, variar) algunos de los aires de danza más famosos de la época. Será esta una constante del arte instrumental en los dos siglos siguientes: partiendo de las arias (así se llamaban en el siglo XVI estos aires danzables), los intérpretes jugaban a improvisar sobre sus esquemas rítmico-armónicos. A veces esas improvisaciones acababan escritas. Pocas veces, publicadas. Es mucho más lo que se perdió (porque no estaba pensado para conservarse) que lo que nos ha llegado.

Así, Jordi Savall y Xavier Díaz-Latorre pueden usar el Greensleeves, una de las canciones más populares de la Inglaterra de Enrique VIII, los canarios o la guaracha como punto de partida para sus improvisaciones y sentir que, sean cuáles sean estas, no están traicionando el espíritu del tiempo al que sirven en este recital. Lo mismo puede decirse del resto del programa. Cuando entre 1674 y 1697 el gentilhombre Gaspar Sanz publicó los tres volúmenes de su Instrucción de música sobre la guitarra española su intención era convertirlo en un método para todo aquel que quisiera acercarse a la guitarra, y para ello utilizó ejemplos que, se supone, cada intérprete asimilaría según su estilo y posibilidades.

El mundo de la danza tuvo especial trascendencia en las publicaciones de los músicos franceses del XVII. Laudistas, clavecinistas y violagambistas las agruparon en suites, de las que cada intérprete escogería aquellas que fueran mejor con sus posibilidades o su gusto. En su tercer libro de Piezas de viola (1711), Marin Marais había iniciado ya el camino hacia las piezas de carácter, en su intención de trazar dibujos psicológicos o describir situaciones, estados mentales o acciones, a menudo meramente coreográficas, como los saltos de La sautillante (una pieza ya del Libro IV, de 1717). Se mantienen la libertad de los preludios y las danzas de carácter rústico, a veces presentadas por parejas como en las Muzettes, del Libro III. En cualquier caso, Marais no inventó la pieza de carácter. Ya su maestro Sainte-Colombe la usaba, y Les pleurs, auténtico lamento en la mejor tradición barroca, es buen ejemplo.

Bach no fue desde luego ajeno al arte improvisatorio en torno al universo de la danza, y de hecho en muchas de sus suites incluye sus famosas doubles, que no eran otra cosa que variaciones escritas, en el convencimiento de que los intérpretes podían hacer las suyas propias. Algunas de esas arias tuvieron especial trascendencia en el desarrollo del arte instrumental. Por ejemplo, la chacona, cuyo origen se vincula a los viajes de ida y vuelta entre América y España, pero que se extendió por todo el continente y fue usada durante siglos. En Francia muchos compositores se sirvieron de ella, como Robert de Visée, guitarrista de la corte de Luis XIV. Otra fue la folía, otra danza de origen ibérico cuyo esquema armónico es ya rastreable en el siglo XV. Aunque luego este esquema se varió, generándose una segunda versión de folía, más lenta, popularizada por Lully desde la corte francesa, en sus manuscritos recopilatorios de principios del siglo XVIII, el organista franciscano Antonio Martín y Coll deja muestra de una serie de variaciones sobre ese primer modelo, en cuya despreocupada vivacidad parece descansar también el origen de su nombre (folía puede entenderse como locura, pero también como jolgorio).

El recital termina con una serie de piezas extraídas de una famosa fuente conservada en las colecciones reales del Patrimonio Español. Se trata de una extraordinaria obra gráfica mandada elaborar entre 1782 y 1785 por Baltasar Jaime Martínez Compañón, que fue obispo de Trujillo (Perú), como documentación de las formas de vida en el territorio que ocupaba su diócesis. El Códice Trujillo o Códice Martínez Compañón incluye 1411 acuarelas y 20 piezas musicales, que algunos atribuyen al maestro de capilla de la catedral trujillana, Pedro José Solís, aunque en el fondo vienen a documentar un género de música formado por tonadas, tonadillas, cachúas y bailes cercano a las tradiciones populares más que a las cortesanas.

© Pablo J. Vayón


Jordi Savall

Jordi Savall es una de las personalidades musicales más polivalentes de su generación. Lleva más de cuarenta años difundiendo por el mundo maravillas musicales abandonadas en la oscuridad de la indiferencia y el olvido. Dedicado a la investigación de esas músicas antiguas, las lee y las interpreta con su viola de gamba o como director. Sus actividades como concertista, pedagogo, investigador y creador de nuevos proyectos, tanto musicales como culturales, lo sitúan entre los principales artífices de la revalorización de la música histórica. Es fundador, junto con Montserrat Figueras, de los grupos musicales Hespèrion XXI (1974), La Capella Reial de Catalunya (1987) y Le Concert des Nations (1989) con los que explora y crea un universo de emociones y belleza que proyecta luego al mundo y a millones de amantes de la música antigua. Según The Guardian (2011), «lo que de verdad lo distingue son sus incursiones más allá del templo de la alta cultura. Trovador omnívoro, el interés por rescatar tradiciones musicales lo lleva desde las bibliotecas de Manchester hasta las aldeas colombianas, con grabaciones que van desde los ritmos bereberes hasta los éxtasis de un raga, desde la serena emoción de un lamento armenio hasta la vivacidad de una gallarda isabelina».

Su trayectoria artística ha sido considerada uno de los motores del renacimiento de la música antigua de Europa, el Nuevo Mundo y el Mediterráneo, además de un referente de primer orden en el estudio, la interpretación, la dirección y la difusión de diversas tradiciones musicales en un valioso diálogo intercultural que ha traspasado todas las fronteras.

 

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